Virgen de Pentecostés.
Virgen de la Esperanza.
Madre de la Iglesia.

PROMESA DE MARÍA DE LA SOLEDAD:
«Mira, hijo, un punto más para tu consuelo. Las almas que meditan mis dolores no se pierden, porque yo las amaré y les alcanzaré gracias. A las almas que son mis consentidas, les pertenece el Cielo; a las que lloran conmigo mi Soledad y extienden mi devoción, volaré a socorrerlas, sobre todo a la hora de su muerte. No temas, no se contriste tu corazón, que donde yo estoy, puedes estar tú, y muy en breve, si eres puro, si amas la Cruz, si Jesús es tu vida».
(Rosas y Espinas, Meditación XXXII).1
Jesús le explica a Beata Concepción Cabrera que la primera Patrona del Apostolado de la Cruz es Nuestra Señora de los Dolores. Ella es María al Pie de la Cruz:
- «Yo, hija, la primera Cruz Viva, y mi Madre en seguida de Mí, fue una verdadera Cruz en donde tuve mis delicias».
«Por eso María al pie de la Cruz o Dolorosa, será en todo el mundo la primera patrona del Apostolado de la Cruz».2 Ap. C., 75

La Iglesia celebra la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre. Un día después de que en varios países se conmemora la Exaltación de la Santa Cruz.
La Advocación de Nuestra Señora de los Dolores (Mater Dolorosa) conmemora la unión de la Madre con el Salvador y su fortaleza al pie de la Cruz. En ella se también honran los sufrimientos de la Virgen María a lo largo de la vida de Jesús.
En las Sagradas Escrituras se mencionan, entre otros:

- La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús.
- La huida a Egipto con Jesús y José.
- La pérdida de Jesús.
- El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario.
- La crucifixión y la agonía de Jesús.
- La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto.
- El entierro de Jesús y la soledad de María.
El Misterio de la Soledad de María abarca los sufrimientos de María después de la Ascensión de Jesús y hasta la Asunción de la Santísima Virgen.
Después de la Ascensión de Nuestro Señor, María no vuelve a ver a Jesús, si no hasta el día en que es Asunta a los cielos.

La Fiesta de la Virgen de la Soledad se conmemora cada 18 de diciembre.
María Madre de la Iglesia se celebra el lunes siguiente de la Fiesta de Pentecostés.
La soledad de María es:
- Una Soledad pneumatológica: es la Virgen de Pentecostés. María, mujer llena del Espíritu Santo.
- Una Soledad fecunda: María es la Madre de la Iglesia.
- Una Soledad sacerdotal – oblativa: se ofrece y alcanza gracias.
- Una Soledad orante y contemplativa.
- Una Soledad martirial.
- Una Soledad Eucarística.
- Una Soledad viviente de la Espiritualidad de la Cruz.
- Una Soledad apostólica.
Al fallecer Monseñor Ibarra, Jesús le hace entender a Conchita que le queda por recorrer la última etapa de su vida y que será como la de María en su soledad:
- «A ti te queda por recorrer la última etapa de tu vida, imitando a mi Madre y alcanzando las gracias para las Obras. Vendrán tempestades para ellas, como con la Iglesia, pero triunfarán siendo tu corona». (C.C. 41, 39 – 43)3 febrero de 1917.
Jesús le pide que imite
las virtudes de María en su soledad:
1. Unión con Dios
2. Adhesión a su Voluntad
3. Ansias por el Cielo

- «En mi vida espiritual para con las almas nunca mi Madre se aparta de mí; es decir, tiene que ser simultánea la imitación de nuestras vidas en la tierra, aunque la suya estuvo fundida en la mía. Y así como Yo fui Redentor, ella fue corredentora, y las almas que más lo aman y que más a Ella se asemejan son las que con más perfección toman mi parecido».
«Tú tienes que imitarla en las virtudes que te he dicho siempre, sobre todo en la humildad y pureza de corazón. Estudia las que practicó en su soledad y en la última etapa de su vida, siempre con su mirada y toda su alma puestas en el cielo, dándome, en su ocultamiento, gloria en la tierra».
«Con su pasión de cielo, es decir, con su pasión de amor anhelando el cielo, alcanzaba las gracias del cielo para la naciente iglesia». (C.C. 41, 62 – 65)3 18 de febrero de 1917.
Jesús explica a Conchita que el misterio de la soledad de María es de suma importancia para nuestro tiempo:
- «Ha llegado el momento de darle la gloria a mi madre en su soledad y las Obras de la Cruz muy especialmente tendrán esta misión sublime». (C.C. 41, 291 – 296)3 2 de julio de 1917.
- «Para estos últimos tiempos destinados al reinado del Espíritu Santo, y triunfo final de la Iglesia, estaban reservados el honrar los martirios de soledad de María, su Esposa amadísima. Martirios que sólo la virtud y la fortaleza de este Divino Espíritu pudo sostenerla con vida».
«Esa etapa de la vida de María, es casi ignorada, siendo para su corazón el manantial de la amargura, la quinta esencia del martirio, el depuramiento de su amor. Y para el mundo la fuente inagotable de las gracias, y la vida de las misericordias.
Al pie de la Cruz nacieron sus hijos: mi muerte les dio la vida en el Corazón de María, pero Ella, antes de morir, debía en la tierra, manifestar esa maternidad, comprando con los crueles dolores de mi ausencia, las infinitas gracias presentes y futuras para sus hijos.
La aureola especial de Madre de la humanidad, la conquistó María con sus martirios de soledad después de mi muerte…».
«…Ha llegado el tiempo de que los hijos sean hijos y estimen ese Corazón destrozado con los martirios más finos y sensibles, para hacerlos felices. Ahí entonces compróMaría los millones y millones de gracias para todos y cada uno de los hombres, y es tiempo ya de que se lo agradezcan». (C.C. 41, 284 – 288)3 23 de junio de 1917
LAS VIRTUDES Y LOS SUFRIMIENTOS DE MARÍA HAN PERMANECIDO OCULTOS
- – «Como las virtudes de María fueron todas ocultas por su humildad… pues nunca Ella las externó, así sus dolores, fueron también ocultos, sin queja, sin reproche, aceptándolos todos, abrazándolos todos sin perder uno solo, y hasta amándolos, adorando en ellos la voluntad de Dios que era su vida. Esa adhesión a mi Voluntad adorable que te dije, ejercitó María después de mi Ascensión, fue especialmente intima, en su vida de dolor sin nombre, en sus martirios de ausencia, y en sus tormentos de soledad.
Adhesión, simplificación, unificación altísima y estrecha de voluntades, de mis quereres con sus martirios (que tenían vida) que subyugaba Ella y unificaba a mi deseo y designios de sacrificarla, ese fue el matiz más vivo de María.
Esta fue su adhesión sublime, santísima y divina, que la absorbía en mi voluntad humillándola, torturándola, quebrantando su corazón con afinamientos increíbles de dolor, en EL AMOR MISMO.
No se valoriza el Título de Reina de los Mártires en María, porque está muy lejos el hombre de entender SU AMOR.
Tú, como un reflejo de su vida y de sus dolores debes asimilártele en esta adhesión a mi Voluntad que tritura tu corazón y lo traspasa. Tienes que conquistar la diadema que viste un día, el premio de maternidad cuyo título te he dado, pero con dolores sin cuento, como lo hizo María.
Tienes que comprar en la tierra todas las gracias para los hijos de las Obras de la Cruz presentes y futuros».
– «Señor. Pero si ya María nos las compró a todos», pregunta Conchita.
Nuestro Señor le responde:

– «Cierto. Pero en los designios de Dios en ti y para su gloria y la tuya, quiere asociarte a María, y con María a mis méritos, que dieron valor a los martirios de Ella y a los pobres tuyos.
Y todos, para la salvación y perfección de las almas (tú, de las de la Cruz), y para mi consuelo y loor.
Pero María fue oculta: y nadie entonces y en muchos siglos después pensó o adivinó, u honró como debiera, sus martirios de soledad.
Imítala en su sufrimiento lento, ignorado y oscuro, que sólo Yo vi, y que mereció tantas gracias». (C.C. 41, 291 – 296)3 2 de julio de 1917.
«La Soledad es la participación de la pasión interna del Corazón de Cristo y es consecuencia de la Encarnación Mística».5 – Padre M. M. Philipon (Sacerdote dominico estudioso de Conchita) –
En la Encarnación Mística, Conchita recibió la gracia de irse transformando en Cristo, como lo hizo la Virgen María. Por eso el Señor le permite a Conchita recorrer las etapas de María (hasta la de la soledad).
LA SOLEDAD DE MARÍA ES LA ETAPA DE LA MATERNIDAD FECUNDA A FAVOR DE LA IGLESIA
(María fue más fecunda en su soledad que en sus dolores)
La Virgen de la Soledad es la Virgen de Pentecostés.
Es María que acompaña a los discípulos de la Iglesia Naciente.
La última mención explícita de María en la Sagrada Escritura es en el día de Pentecostés (Hechos 1, 13 – 14 )4:

- «Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos».
Jesús le explica a Conchita que María ofrecía todos sus sufrimientos por la Iglesia que está naciendo. Nuestro Señor le pide a la Beata que su vida sea un reflejo de la de la Virgen:
- «Cada vez que María, mi Santísima Madre sentía el dolor de mi ausencia en cualquier forma (que era continuamente) luego lo ofrecía al Padre por la salvación del mundo y de la naciente Iglesia. Ese apostolado del dolor (que es el de la Cruz) en Ella, en el tiempo de su soledad, fue el más fecundo e hizo al cielo derramarse en gracias.
Así tú: has comenzado en esta nueva etapa de tu vida un reflejo de la de María, y te toca imitarla sin desperdiciar tus penas, que en su unión y la Mía, tendrán valor. Así, en esta forma, sobrenaturaliza tus dolores de soledad, para que fecundicen en favor de tus otros hijos» (C.C. 41, 135 -136)3 21 de marzo de 1917.
- «Yo he dado a algunas almas la gracia de asimilárseme con estigmas exteriores de mis llagas… pero a mi Madre le di mi semejanza absoluta, en su interior, después de mi Pasión, con todos mis dolores, llagas y penas que sufrió mi Corazón.
En esto la imitarás tú; se imprimirá mi imagen en tu alma, pero dolorosa, que este es el paso que sigue o llega en la Encarnación Mística y en el cual estás. Gustarás de las amarguras de María, no sólo acompañándola o siendo compañera de su soledad, sino sintiendo en tu corazón el eco de sus dolores, el reflejo de sus lágrimas y con el mismo redentor y glorificador fin: la salvación de las almas, y la perfección y desarrollo de las Obras de la Cruz». (C.C. 41, 217 – 219)3 11 de junio de 1917.
María con su oración y afecto de madre sostuvo a la Iglesia Naciente. Jesús le dice a Conchita que el Corazón de María compró gracias con el misterio de su soledad desamparada:
- «Su Corazón se representa con rosas, pero debajo están las espinas. Rosas que significan las gracias para sus hijos, pero compradas con dolores como infinitos, con lágrimas y martirios que sólo Yo vi y medí su tamaño. Y es que una Madre y más María, las espinas y los dolores los esconde para ella y las rosas y las caricias y no los sacrificios, es lo que enseña a sus amados hijos». (C.C. 41, 284 – 288)3 23 de junio de 1917.
Precisamente, «Rosas y Espinas»1 es el título del libro que escribió Conchita sobre la Soledad de María.
Son 33 meditaciones en las que María nos va llevando por la vida de Jesús, narrada desde su Soledad.

Sobre Rosas y espinas, Monseñor Juan Esquerda Bifet (Profesor de la Pontificia Universidad Urbaniana) comentó1:
- En todas meditaciones, Cristo siempre es el centro.
- Cada meditación es un coloquio en el María explica algún misterio de Cristo, que es siempre fuente de gozo («rosa») y también de dolor («espina»). Al final se indica un propósito concreto, tendiendo siempre hacia la renovación de la vida por medio de la práctica de virtudes cristianas.
- En las meditaciones finales, se describe el dolor de la Virgen por la «ausencia dolorosa» de Cristo (a modo de noche oscura de la fe), mientras acompañaba a la Iglesia primitiva.1 y 6
- María acompañó a la Iglesia naciente con afecto de Madre, como dando a luz a sus nuevos hijos con dolor. Era la maternidad espiritual de María, como modelo de la maternidad eclesial y apostólica.6 «La Iglesia aprende de María su propia maternidad».7
- Como buena Madre, María nos enseña a sufrir amando y a transformar el sufrimiento en donación (Oblación).
LA SOLEDAD DE MARÍA ES
LA ASOCIACIÓN MÁS PROFUNDA
AL ACTO REDENTOR DE CRISTO
El «sí» en la suprema angustia.
Nuestro Señor le habla a Conchita del Martirio de la Soledad desamparada de María:
- «Tú te habías hecho cargo de la primera soledad de María, es decir, de la exterior, pero no habías pensado en la interior, la más cruel y amarga, la desgarradora en la que el espíritu agoniza presa del desamparo.
El martirio de María después de mi Ascensión, no fue tan sólo por la falta de mi presencia material, sino que sufrió los crisoles más tremendos del desamparo cómo el Mío de la Cruz, y uniéndolo el Eterno Padre al Mío que compró tantas gracias.
Como Corredentora que fue María, sintió, en su Purísima alma, el eco de todas mis agonías, humillaciones, injurias y suplicios, el peso de los pecados del mundo que hicieron sangrar su Corazón, y el vibrante dolor del abandono del cielo que compra gracias.
Tú tienes que ser un eco fiel de esa Madre dolorosa, te faltaba el martirio del puro abandono, del abandono Mío, de ese desamparo que purificando compra gracias.
Cierto es que María no tuvo nada que purificar en sí misma, pero sí en la humanidad, es decir en sus hijos, conquistando con ese dolor, una nueva corona de Madre Mártir.
Así se desmembraba por sus hijos, así daba la vida sobrenatural, así les compraba el cielo». (C.C. 42, 281 – 283)3 22 de junio de 1919.
Jesús le hace ver a Conchita que María es Verdadera Madre de los hombres y como ella sufre con los pecados de sus hijos:
- «María, Inmaculada y sin mancha, nada tenía que expiar, y sin embargo, sufrió más que ninguna criatura, pero el sufrimiento de ella no fue purificativo sino impetrativo y expiatorio como el Mío. Fue purificativo para sus hijos porque les compró pureza para que entraran al cielo.

El Corazón de María compró estas gracias en el martirio de su Soledad desamparada, no de los hombres porque tenía a San Juan, a los apóstoles y a muchas almas que la amaban intensamente; no de mi presencia material, que Ella se consolaba con la Eucaristía, siendo su fe muy viva y perfectísima, sino con el desamparo espiritual, desamparo divino de la Trinidad que se le escondía».
«María sufrió más que todas las almas desamparadas, porque sufrió el reflejo del desamparo Mío de la Cruz que no tiene comparación ni lenguaje humano para expresarlo.
No es honrado este desamparo de María, este vivo y palpitante martirio de su soledad, el martirio desolador del divino desamparo, que padeció con heroico esfuerzo, con resignación amorosa y sublime abandono a mi voluntad.
Imítala en tu pequeñez y corto alcance: procura imitarla con todas las fuerzas de tu corazón que tienes que hacerlo para comprar las gracias y purificarte.
María luchó, no con pasiones concupiscibles, sino con la pasión del amor, la más violenta y atormentadora, la pasión del Amor divino con la ausencia y el desamparo del Amado, pero triunfó.
Su martirio fue de amor, y el desamparo que la envolvió tantos años fue un acto amoroso de mi Padre que en Ella se complacía y que por su medio quería derramar los tesoros y mares de sus gracias en las almas.» (C.C. 42, 284 – 288)3 23 de junio de 1919.
CONSOLAR A MARÍA EN SU SOLEDAD.
El Padre Rafael Ledesma MSpS. nos sugiere como consolar a María en su soledad:
- Cuando ella mira en nosotros los rasgos de su Hijo.
- Cuando nuestro amor siempre fiel, a imitación del amor de Nuestro Señor.
- Cuando descubre en nosotros la pureza luminosa de Jesús, reflejo de la mirada complaciente del Padre.

- Si estamos dispuestos a una entrega total a Dios hasta dar la vida, por el nombre de Jesucristo.
MARÍA DE LA SOLEDAD / VIRGEN DE LA ESPERANZA.
Nuestro Señor le dice a Conchita sobre María:
- «Ella es la Madre de la santa Esperanza: ejercita esta preciosa virtud teologal como Ella, la virtud de la esperanza, que es la virtud de la soledad, y del dolor, la virtud que mira al cielo y que hace al corazón dilatarse por poseerlo». (C.C. 41, 210 – 211)3 10 de junio de 1917.
María vive de la esperanza de ver el fruto de su martirio en favor de la Iglesia: De ver pronto la propagación del Evangelio.
Todo bautizado está llamado a ser instrumento del Espíritu Santo para que, unidos a María, Jesús nazca en los corazones, viviendo en esa constante Esperanza que nos hace dilatar el corazón y mirar al cielo.
RIQUEZA DE LA DEVOCIÓN A LA SOLEDAD DE MARÍA:
- Es el Triunfo de la Esperanza sobre la angustia, el aislamiento, la turbación, el tedio, sobre las realidades temporales y sobre la muerte.
- Es la devoción a la Virgen de Pentecostés – a María Madre de la Iglesia.
– En la noche de Navidad, María da a luz a su Hijo (a quien había proporcionado un cuerpo físico).
– En Pentecostés, María da a luz al Cuerpo Místico de Cristo.
Después de la Ascensión de Jesús, María recibió al Espíritu Santo y «Vivió para dar el primer alimento a esa Iglesia y merecer en el cielo los títulos de: Consoladora, Amparo, Refugio, etc. de sus hijos». (C.C. 41, 284 – 288)3 23 de junio de 1917.
- Muestra el valor salvífico del sufrimiento humano cuando se une al sacrificio de Cristo. Obtiene gracias para la Humanidad.
La fuente de estas gracias, no solo se encuentran en los sufrimientos, si no en el ofrecimiento continuo que hacía María al Padre de su Hijo y de ella misma juntamente con Él: «Siempre María me ofreció al Padre. Siempre hizo oficio de Sacerdote. Siempre Inmoló su corazón inocente y puro en mi unión». (C.C. 51, 282 – 283)3 6 de abril de 1928. - Ilumina la participación de la Iglesia en el misterio de la Cruz de Cristo.
- Es un modelo para las existencias humanas «aparentemente inútiles».
- Ilumina en el modo de vivir en tiempos de soledad o nuestras noches oscuras.
- Ayuda a «vivir de fe» (Dejarse conducir por el Espíritu Santo).
Como vemos, la soledad de María no es depresión, no es tristeza, ni angustia, ni pesimismo… es un corazón dilatado, amoroso, entregado, valiente, audaz, fecundo, lleno de esperanza, que supo dolerse y vivir la ausencia de su hijo amado y darse a la Iglesia que Él dejó, que supo enfrentar las dificultades, que supo ser Madre nuestra.
«¿A quién confiar mis dolores?
Sólo a María que sabe lo que es la soledad»
– Beata Concepción Cabrera de Armida –
(C.C. 29, 334 – 339)2 17 de abril de 1908.
Virgen de la Soledad, Virgen Fecunda, Virgen Madre, Virgen de la Esperanza: ruega por nosotros.
REFERENCIAS DE LOS ESCRITOS DE CONCHITA:
1. Rosas y espinas.
2. Ap. C. = Apostolado de la Cruz
3. C.C. = Cuenta de Conciencia de Beata Concepción Cabrera (Diario Espiritual).
OTRAS FUENTES:
4. La Biblia www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM
5. Diario Espiritual de una Madre de Familia. Padre Marie Michel Philipon O.P.
6. Con la Madre de Jesús. Doctrina y vivencia mariana por el “camino de la contemplación” en Concepción Cabrera de Armida. Monseñor Juan Esquerda Bifet.
7. Encíclica Redemptoris Mater 43.

