«La Cruz y yo, salvaremos esta Nación»1
– Promesa de la Virgen de Guadalupe a Beata Conchita Cabrera –

Nuestra Señora de Guadalupe es una de las principales Advocaciones de la Virgen María para la Espiritualidad de la Cruz.
El 10 de mayo de 1895, Conchita escribe en su Cuenta de Conciencia que Jesús le habría dicho que:
«María de Guadalupe y la Cruz
serían las dos grandes palancas
que salvarían a México.»
(C.C. 6, 31 – 36)2
Concepción Cabrera de Armida siempre fue muy devota de la Virgen de Guadalupe. A partir de que su familia se estableció en la Ciudad de México (septiembre de 1895), Conchita visitó con frecuencia la Basílica de Guadalupe.
CRUZ DEL APOSTOLADO EN EL TEPEYAC
El 12 de octubre de 1895, se realiza la Coronación Pontificia de la Imagen de Santa María de Guadalupe, por decisión del Papa León XIII. Ese día se planta una gran Cruz del Apostolado en el cerro del Tepeyac. Coinciden Monseñor Ibarra, el Padre Mir y Beata Concepción Cabrera.

LAS PROMESAS DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE
Nuestro Señor ya le había dicho a Conchita que María y la Cruz salvarían a México. Esta promesa le fue confirmada, por la Santísima Virgen, el día en que se plantó la Cruz del Apostolado en el Tepeyac (Aut. 2, 154 -157)1:
- «El Corazón de mi Hijo, (dijo) en la Cruz, velará por las almas, aquí mismo, donde yo bajé para traerles el bien. La Cruz y yo, somos inseparables».
- «Yo te prometo que las Obras de la Cruz, se extenderán en México, y que las almas amarán esta Cruz que hoy no conocen, con los tesoros que encierra».
- «La Cruz y yo, salvaremos esta Nación».
A los dos días de la Coronación, la Santísima Virgen de Guadalupe le diría a Beata Conchita:
- «Aquí pedí un templo material para que se me honrara, conociera y derramar mis gracias, pero el templo diré, en el que yo en las almas me recreo, es en el de la Cruz, es en el de las almas crucificadas.» (C.C. 6, 207 – 208)2
- «Yo habito en el Espíritu Santo, y Él habita en mí, su primera Cruz viva; y como el Padre y el Hijo habitan en el Espíritu Santo, Centro de la unión divina, ellos habitan en mí y yo en ellos, y de manera que la Trinidad Santísima es mi morada. Pero, esta Trinidad ama la Cruz, su Trono predilecto; y para que los hombres esto comprendieran (misterio, misterio que encierra ocultos tesoros de gracias y de sabiduría), se apareció al mundo la Cruz del Apostolado. Jesús fue Apóstol vivo de la Cruz…

En el mundo, fui la Cruz viva, la víctima oculta que juntamente con Jesús me ofrecía al Eterno Padre con un mismo fin. Yo leía en el Corazón de mi Hijo; en Él vivía, respiraba y sufría. No ignoraba sus desolaciones, penas y desamparos, y me crucifiqué con Él, en su vida interna, aún antes de la crucifixión del Calvario.
Mi Hijo tuvo, diré, un desahogo en los dolores externos y el derramamiento de sangre en su Pasión Santísima, pero a mí, no me fue concedido esto.» (C.C. 6, 207 – 208)2
- «… todas mis penas y amarguras incomparables fueron internas, hija, por esto soy el apoyo de las almas desoladas, y mis penas son sólo conocidas por muy pocas almas, habiéndolas ofrecido todas, en unión de mi Hijo por ellas». (Vi. 2, 313 – 331.)3
En su libro a la Estella del Tepeyac (y en su versión posterior: Corazón de Peregrino)4, Conchita escribiría sobre Nuestra Santísima María de Guadalupe:
- ¡Oh Madre admirable!, sin amar a Jesús tanto como tú lo amas es imposible comprender lo cruel de tus dolores.
A ti no te martirizaron los instrumentos de la pasión, te martirizó ¡el amor! Sin clavos y sin cruz estabas crucificada.
Mas ¿cómo sufrió María? ¡Con humildad, voluntariamente, con constancia y con amor!
Ella abrazó la Cruz con ternura, porque amaba la voluntad de Dios que era el todo de su vida. Jesús sonreía a la Cruz, y María la estrechaba contra su pecho.
La Cruz era la esperanza de Jesús, y aun cuando hacía temblar a María, era su gozo. Jesús se la presentaba, y ella la besaba, clavando ahí su corazón desgarrado.
Y María, nuestra Madre de Guadalupe, ¿con qué otra cosa adorna su cuello, si no con la Cruz?
Aquí estoy, parece que nos dice su retrato querido; me quise quedar con ustedes, haciendo gala de lo que fue mi martirio, mi triunfo y mi gloria

Miren esta Cruz: con ella alcanzo de mi Hijo todas las gracias que le pido. Su recuerdo le encanta, su imagen le enamora. Por eso ha querido que en América reine la Cruz.
Nosotros sabemos que tú, Virgen de Guadalupe, con la Cruz salvarás este Continente. ¡Sé, pues, Virgen del Tepeyac, consuelo de cuantos vienen a implorar tu socorro! Salva a miles de almas que perecen. almas de nuestros hermanos, almas amadísimas, que deseamos arrancar a Satanás con sacrificios, sí, pero también con tu auxilio infalible.
Virgen de Guadalupe, por tu bondad salva al mundo por la Cruz. Amén.
REFERENCIAS DE LOS ESCRITOS DE CONCHITA:
1. Aut. = Autobiografía.
2. C.C. = Cuenta de Conciencia de Beata Concepción Cabrera (Diario Espiritual).
3. Vi. = Vida.
4. Estella del Tepeyac (y en su versión posterior: Corazón de Peregrino, Ed. Cimiento, A.R.)

